La Ley de la Atracción: Un resbalón en la historia de la Espiritualidad.

Hace unos días, una querida amiga hizo un post en Facebook compartiendo una bonita afirmación positiva.
¿No te encanta, cuando alguien utiliza su muro para enviar mensajes cargados de buenas intenciones para alegrarnos el día?

A mi también. 

Pausa.

También tengo serios dilemas con las afirmaciones.

Por una parte, estoy convencida de que nuestras creencias organizan nuestra realidad, así que más nos vale pensar bonito. Por otra parte, soy socia fundadora de la organización mundial anti-ley de la atracción. 

La ley de la atracción me parece uno de esos resbalones por los que la espiritualidad moderna y todos sus adeptos tenemos que  disculparnos discretamente. Voy a explicarte por qué. 

Hay una premisa verdadera en el planteamiento de la Ley de la Atracción. Va con mayúsculas: EL PODER MÁS GRANDE QUE TENEMOS COMO SERES HUMANOS ES NUESTRA CAPACIDAD CREATIVA. CREAMOS LA REALIDAD EN LA QUE VIVIMOS, DE MANERA INDIVIDUAL Y COLECTIVA. Ahora, viene mi punto: la manera en la que pretendemos usar este poder es a veces lamentable.

Somos responsables de nuestras creaciones individuales y también, estamos co-creando una realidad para todo el planeta a través de nuestras creencias, pensamientos y de las decisiones que tomamos a partir de ellas. ¿Qué puede ser más impactante y maravilloso que darse cuenta de ello?

Te imaginarás entonces que, sabiendo que contamos con infinito poder creativo, los seres más despiertos del planeta, esos que practicamos la “espiritualidad”, dedicaremos nuestro potencial creativo a construir un mundo en el que todos gozan de seguridad, salud y paz; un mundo donde la guerra, la violencia, la explotación, la dominación y otras monstruosidades que nuestra especie ha inventado, ya no existen más. 

Pues no. Cuando descubrimos nuestro maravilloso potencial creativo, lo que se nos antoja es tener una camioneta de lujo, un clóset relleno con las mejores marcas y viajes a París. Queremos utilizar la enseñanza espiritual para volvernos más ricos, más flacos y si se puede, un poquito famosos. Espiritualidad para saciar las ambiciones de nuestro ego, nada más contradictorio.

Esta es la primera razón por la que cuestiono las profundas intenciones de los usuarios promedio de la ley de la atracción: la usamos con la intención de cumplir los antojos de nuestro ego, incluso al costo que esto tiene para el planeta y para los seres menos privilegiados que nosotros. La segunda razón por la que cuestiono la manera en la que hemos entendido la ley de la atracción, es que estamos usando los decretos, afirmaciones y todos sus derivados (que por cierto, están bien lejos de contar como una práctica espiritual verdadera), con la ingenua ilusión de crear una realidad “perfecta” en la que no existe el sufrimiento y la dificultad.

Como aspiración eso suena maravilloso y a la vez, madurar en nuestro proceso espiritual y humano precisa que entendamos que el sufrimiento es parte de la experiencia en este planeta y que aceptarlo nos libera, no sólo de una lucha interminable con la realidad, sino también de la fatiga de correr detrás de la zanahoria inalcanzable que es la perfección.

No hay vida perfecta, no hay personas perfectas y las consecuencias de vivir huyendo del sufrimiento son de lo más peligrosas, para empezar, nos alejan de la sanción verdadera. Dice la famosa monja budista Pema Chordón que:

“Muchos de nosotros empezamos el camino espiritual porque estamos sufriendo. Pero debes darte cuenta de que para que una sanación real ocurra primero debe haber una gran compasión hacia ti mism@, especialmente hacia las partes que no te gustan y te parecen feas.”

¿Cómo vas asentir compasión y luego a actuar para sanar y cambiar algo que ni siquiera has reconocido? 

Deja de usar la espiritualidad para esconderte de las partes de la realidad que no te gustan, como si con ello pudieras detenerlas.

Me declaro en huelga contra nuestro uso de la espiritualidad en sus versiones “new age” o cualquiera otra que invite al propósito de vivir persiguiendo la “vida perfecta”, según las expectativas del consumismo y negando las partes oscuras de la realidad, pues esto hace que además de no ver aquello que necesita ser transformado en nosotr@s, tampoco veamos el momento de urgencia real que atraviesa nuestro planeta.

Así que quizás las afirmaciones y decretos serán un apoyo en tu proceso, pero sólo en la medida en la que estén alineadas con la verdad, que siempre se refleja de por sí, en un modo de pensamiento elevado.


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