Quiero ser libre por dentro/ Mi experiencia en Bahuaja (parte 2)

Sé que puede resultar extraño que una piscoterapeuta lo diga, pero comprender la dimensión psicológica de aquello que nos aqueja no es suficiente. Para sanar hay que sentir, para aprender hay que experimentar y sí, es necesario realizar esfuerzos para crecer y avanzar. 

Las tradiciones indígenas han diseñado procedimientos que nos acercan tanto a la curación, como al reencuentro con las características esenciales de nuestro ser; pues es a través de la pérdida del contacto con nuestra sabiduría interna, que hemos ido a su vez, perdiendo el funcionamiento natural y saludable que trae armonía a nuestros cuerpos, mentes, emociones y relaciones. Recuperarnos -en todo el sentido de la palabra- implica mucho más de lo que la nueva espiritualidad «light» nos quiere hacer creer. No, no basta con repetir afirmaciones, no basta con tomar un curso o dos o tres, no basta con postrarse pasivamente a recibir sonidos o sanaciones energéticas, con hacer cantos, leer libros o mantenernos «positivos». Puede ser que todo eso ayude o, puede ser que simplemente nos retrase de hacer el trabajo verdadero, especialmente si estamos dejándonos instruir por personas que tampoco tienen suma claridad de cómo y hacia dónde se dirige el proceso terapéutico y espiritual.

Uno de estos procedimientos diseñados para la propia evolución, son las «dietas» que se practican en la medicina tradicional amazónica desde tiempos antiguos. Consiste en un período de internamiento y retiro en la selva, durante el cual se realiza un ayuno total o parcial de alimentos y de otras actividades, mientras se ingieren preparados de la Planta Maestra con la cual se trabajará. Las dietas han tenido múltiples usos como:

-Restaurar la salud física 
-Protegernos de enfermedades
-Incrementar la cantidad de energía vital y fuerza
-Ser un ritual de iniciación por medio del cual se transmite el conocimiento tradicional
-Contactar con el espíritu e inteligencia de la Planta Maestra con la que trabajamos
-Ayudarnos a romper patrones y hábitos nocivos
-Purificar el cuerpo, la mente y las emociones
-Desarrollar sensibilidad e intuición
-Prepararnos para recibir la medicina de la Ayahuasca

Los curanderos de la selva pasan semanas, incluso meses realizando estas dietas; nuestro retiro en Bahuaja en la Amazonía Peruana duró, modestamente, ocho días. Cinco de ellos realizamos un ayuno total, y los siguientes hicimos una transición en la que se incluyeron sólo granos y leguminosas como alimento. Durante todos estos días, nos abstuvimos de la palabra, de la actividad sexual, así como del uso de jabones, pasta de dientes o cualquier producto cosmético, así como de la ingesta de sal o azúcar. Las únicas actividades permitidas en este período, son la práctica de la meditación y yoga, el canto, el dibujo y la escritura o la lectura de textos adecuados.

El Libro «Los cuatro Altares» de Alonso del Río, fue la compañía perfecta que fue tejiendo en mi las comprensiones necesarias que el Espíritu quiso asignarme en esta semana de trabajo interno. Agradezco a la infinita misericordia e inteligencia que se manifiesta en mi realidad cada vez que yo ofrendo un esfuerzo sentido y sincero para mi propia evolución y que esta vez, tomó la forma de este libro y de la guía constante y lúcida de su autor:

«Basta con un solo contacto, un solo instante de elevarnos hasta el altar del corazón, para que con toda certeza sepas hacia dónde quieres dirigir tu energía por el resto de tu vida. La evolución consciente empieza cuando cada uno entiende que somos los únicos seres responsables del crecimiento de nuestro amor y de nuestra conciencia. La evolución mecánica consiste en lo que la naturaleza hizo por ti, la evolución consciente comienza cuando descubres lo que tú puedes hacer por la naturaleza, incluida la tuya propia.» (Reverso de: Los cuatro altares/Alonso del Río)

Hay tantas cosas que puedo y quiero decir acerca de este viaje, por hoy quiero dejar establecido lo siguiente: 

Tengo claro hacia dónde quiero dirigir mi energía por el resto de mi vida.
Mi eje no es la búsqueda del dinero, del éxito convencional o de la fama, mi eje no es cumplir con el modelo que la cultura actual propone para una mujer; ya sabes, la casa en el residencial, los hijos en escuelas privadas, la ropita de marca, la camioneta y el perro labrador… Mi eje -aunque falle y me olvide constantemente- es lograr encarnar el verdadero amor y el servicio.

No me importa tanto la cantidad de «likes» en las redes, como la profundidad del impacto que pueda tener en la mayor cantidad de corazones que quieran dirigirse sinceramente hacia la verdad; no me importa tanto tener una apariencia de revista, cómo la posibilidad de sostener este cuerpo en salud hasta que pueda dejarlo sintiendo que en verdad he realizado el propósito de mi alma…

Lo más duro, puede ser desapegarme de la idea de amor romántico que nos ha sido insertada a punta de películas y anuncios comerciales a todas las mujeres, cuando no, a través del sometimiento de la doctrina del patriarcado que se cuela por todas partes haciéndonos creer que la plenitud la dictamina el logro del sueño romántico de la pareja. 

Quiero estar completa, quiero ser libre por dentro.

(CONTINUARÁ…)

foto por: alguno de los bellos hermanos con quienes compartí este viaje.

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