Triángulos Amorosos y Guerra entre Mujeres

Odiar a la nueva pareja de tu ex y su contraparte, odiar a la ex de tu pareja actual, es uno de los deportes más populares en un planeta regido por el patriarcado.

Odiar a la amante de tu esposo, odiar a la esposa de tu amante.

Odiar a otra mujer.

Odiar con justificación social.

Odiar como en las telenovelas.

Pensar que una es mejor, dudar si una es peor, compararse, pues.

Sentir que triunfas cuando te eligen y que fracasas, cuando no; sin notar que la mera situación en la que tu pareja no te ofrece una relación en la que te sientes a salvo, te coloca en desventaja y te hace perder, como quiera.

Competir, maldecir, stalkear, el juego macabro que todas jugamos.

Hasta que te cansas o mejor aún, hasta que despiertas.

Porque el patriarcado y su historia de terror romántico es un sueño, más bien una pesadilla.

Crecimos en un mundo plagado de creencias patológicas; donde la máxima victoria de un hombre es la riqueza material y la máxima victoria de una mujer es el matrimonio. 

Dirán que esto ha cambiado y tal vez así sea en la superficie; pero en el cochambre de la psique colectiva, el antagonismo entre mujeres es una marca tan permanente como la que se le hace al ganado. Violencia normalizada.

Mas repito, estamos despertando.

EL TRIÁNGULO “AMOROSO”: violencia contra la mujer.


A la a Amante: ese personaje de telenovela al que nos han enseñado a odiar y sobajar.

A la pecaminosa, la oculta, la de los hijos bastardos, la de la casa chica.

A la mujer que vive esperando que la escojan por encima de la otra, o su compensación, a la que dice que no le importa, que así está bien; a la que dice gozar de la situación, le deseo: liberación.

Liberación de todo aquello que la someta a una mentalidad de carencia, que le haga creer que el amor se pelea y se gana, que hay poco, que mejor se conforma; le deseo liberación de  toda mentalidad de vergüenza que le haga creer que el amor, e incluso la sexualidad, se ocultan.

A la esposa, la novia, la oficial, la engañada (o no), la temerosa, la que revisa las camisas y el teléfono, le deseo lo mismito: liberación.

Liberación de todo aquello que la haga vivir sitiándose amenazada, victimizada, en lucha, constantemente herida. 

Porque ¿sabes? 

TODAS MERECEMOS QUE NUESTRAS RELACIONES MÁS ÍNTIMAS SEAN TERRITORIOS SEGUROS.

Todas merecemos un amor que se pueda celebrar, no sólo en privado, sino también frente a las comunidades de las que somos parte.




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