8 Días de Meditación Zen – Día 2: La Necedad

Día 2


A todos los que piensan que la vida de un practicante espiritual serio es un tour mágico, cósmico, musical y espiritual, les comparto que en el  zendo no hay camas, ni regaderas y al menos en estos días, no hay comidas.

A través del ayuno rompemos con las tendencias adictivas y nos liberamos de los efectos del exceso, a través de la disciplina fortalecemos la voluntad y la capacidad de acción. Las jornadas empiezan a las 5 am con la lectura de los sutras y una práctica de Chi Kung. Después el Maestro habla y nos sentamos a meditar una hora mientras el Sol aparece.


Dice que hay 108 deseos mundanos que envenenan la experiencia humana y que, uno de los peores es la necedad. La necedad es la incapacidad de cambiar de rumbo, a pesar de que la vida indique claramente que hay que hacerlo. Es una voz que nos alienta a aferrarnos a deseos mundanos y egoicos como:
-Quiero ese logro para mí
-Quiero ese hombre para mí
-Quiero esa casa para mí… etc..

Habrá que distinguir la necedad de la perseverancia, pues la segunda es una fuerza que nos sostiene en el intento de manifestar lo que realmente somos. Así que el asunto central sigue siendo ese, distinguir entre lo que verdaderamente soy y el montón de ideas, conceptos, reglas y demás falsedades que he aprendido acerca de mí misma, de la vida, de las relaciones; la metodología: sentarse a meditar, observando una y otra vez la naturaleza caótica, inestable, seductora, fantasiosa, de la mente, que todo el tiempo está distorsionando nuestra experiencia.

Podríamos decir, que casi todo el tiempo estamos soñando, a veces a ojos cerrados, y a veces, a ojos abiertos. Sufrimos por lo que ya pasó y también por lo que no ha pasado, pero rara vez estamos presentes en lo que realmente está sucediendo, de hecho, peleamos frecuentemente contra lo que está sucediendo, eso, precisamente es la necedad.

Dice el maestro Sergio y, es una metáfora reconfortante, que conviene ser como el agua. El agua se topa con montaña y no perfora, no atraviesa, el agua cambia de rumbo según lo que va encontrando y con constancia, transforma.

Sus palabras hacen perfecto sentido y antes de venir, ya yo tenía claro, que si hubiera un objetivos para estos días,  uno de los más importantes sería, sin duda, aumentar mi capacidad de aceptar, lo que es, como es. No conozco una renuncia más valiente, que la de no adherirme afanosamente a nada. Mi ego se retuerce, no lo soporta, está aterrorizado ante la idea de no poder asirse a nada que le prometa algo de seguridad, como decía Chogyam Trungpa:

«La mala noticia es que estamos en caída libre,
La buena noticia es que no hay suelo.»


(Continuará)


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