COMUNICACIÓN DESPIERTA: 5 Hábitos de Comunicación Nocivos

Hay una historia acerca de un Samurai que llega con un monje y le dice:

–Enséñame acerca del cielo y del infierno.
–Con un gesto de disgusto el monje le contesta: ¿Enseñarte a ti? ¿Pero que podrías aprender tú, pobre diablo,  ignorante y sucio, maloliente y torpe? Tú no puedes aprender nada importante.
Bufando y con la cara roja de furia el Samurai saca su espada y cuando estaba a punto de cortarle la cabeza al monje, éste le dice:
–Eso… es el infierno.

Conmovido ante la valentía del monje, que arriesgo su vida para darle una experiencia que respondiera a su pregunta, el Samurai baja su espada y se inclina ante el monje, casi a punto de las lágrimas por el agradecimiento.
–Y eso –le dice el monje– es el cielo…


Igual que en el cuento, podemos crear un cielo o un infierno con nuestras palabras. Por ello, es de suma importancia LLEVAR CONCIENCIA a nuestro discurso y DARNOS CUENTA claramente de las maneras en las que causamos sufrimiento para nosotros mismos o para otros a través de lo que hablamos.

El Buda dio dos lineamientos acerca de cómo hablar sabiamente: Habla sólo si lo que dices es VERDADERO  y es ÚTIL.  Quizás para muchos de nosotros, es obvio por qué mentir no sirve a nuestros propósitos de crecimiento, pero hay algunos HÁBITOS NOCIVOS DEL HABLA que nos pasan desapercibidos.
Estos son 5 HÁBITOS DE COMUNICACIÓN NOCIVOS:

1. EXAGERAR: Con la intención de hacer ver nuestro punto, sacamos de su verdadera proporción las cosas y con ello distorsionamos la realidad. Solemos exagerar por diversos motivos: para causar culpa a otros, para enaltecer nuestros logros, para enfatizar en lo que no nos gusta. Parece inofensivo, el tema es que lo notemos o no, estamos distorsionando la realidad y actuando de manera manipuladora, para cumplir los objetivos de nuestro ego, en vez de honrar la verdad.


2. CHISME: El problema con el chisme es que parte de la idea de que somos superiores y las personas de las que hablamos son o se comportan de maneras inferiores. Esto crea separación, discordia, aislamiento. No para los otros, sino para nosotros mismos, pues es un hecho que la severidad y el juicio que aplicamos a los otros, es el mismo que nos aplicamos a nosotros mismos. Vivimos en una cultura que consume chisme, en revistas, en la televisión; nos complacemos en atestiguar el dolor de otros y con ello generamos un mundo peligroso ante el cual hay que aparentar perfección. Agotadora y dolorosa manera de vivir.

3. ACUSACIÓN: Estamos hablando de responsabilizar a otros por nuestros comportamientos a través de culparles o acusarles. Expresar nuestras necesidades es saludable, sin embargo implica la posibilidad de que los otros acepten o se nieguen a satisfacerlas. Sin importar que hagan los otros, seguimos siendo responsables de cada palabra que sale de nuestras bocas y de la energía con la que es expresada. ¿Cuántas veces asumes que el otro está equivocado por no actuar como tú deseas y atacas o criticas en vez de hacerte cargo de tu propio sentir? No se trata de si tus necesidades son válidas o no -claro que lo son- se trata de contar con la inteligencia necesaria para saber que atacar a otro jamás ha sido, ni será, una manera efectiva para hacerte comprender. No importa si tienes razón, acusar no funciona.

4. MANIPULAR: Aquí me refiero a expresarte de maneras que enfatizan lo que es conveniente para ti, por ejemplo, tratar de convencer a otro de que hacer o no hacer algo es para su beneficio, cuando en realidad lo que dices está influenciado por tu preferencia. Es pedir las cosas de manera indirecta. De nuevo, la razón por la que no funciona no es moral, no se trata de ser «buenos», sino de estar despiertos y, ello implica poder ver las cosas como son, en vez de manipularlas para que sean como nos gustaría. La verdadera liberación no se halla en lograr que todo sea como queremos (cosa que es finalmente imposible), sino en hacer crecer nuestra capacidad de permanecer ecuánimes ante lo que no podemos controlar.


5. DAR EL AVIÓN: Dar coba, acordar o hacer como que acordamos aunque no sea así. Lo hacemos por muchas razones, por diplomacia, por evitar el conflicto, por obtener aceptación o pertenencia. Lo hacemos mucho más de lo que nos damos cuenta, por ejemplo, cuando en una tienda decimos: «al rato regreso», cuando decimos: «te llamo después». Son sutiles maneras de mentir, que en el fondo van distanciándonos de nuestro verdadero sentir y nos quitan coherencia.


COHERENCIA es conexión, integración, afinidad, correspondencia, entre lo que pienso, siento, digo, hago, quizás un buen horizonte hacia el cual dirigirnos.


La Tarea Terapéutica de esta semana es:

1. Identifica en cual de estos hábitos sueles caer o simplemente toma uno de ellos.
2. Mantente alerta toda esta semana, nota cuando lo estás ejerciendo.
3. No te juzgues, simplemente observa y pregúntate: qué es lo que en realidad quiero obtener a través de esto.
4. Piensa en alguna/s manera/s más coherentes y apegadas a la verdad de expresar tu necesidad.

Deseándote mucha compasión al observar tus propios hábitos… me despido por hoy.


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