El Laberinto Mental: el Arte de Perderse en Explicaciones Psicológicas

Preocupada la paciente, le dijo a su terapeuta:
–Mi planta se marchitó, la plantita que compré cuando decidí empezar una nueva etapa, esa en cuya maceta sembré un papel con mis propósitos, como un ritual para que florecieran. ¿Te acuerdas?

–Puedo ver que te entristece. –respondió la terapeuta.

—Bueno, más bien, me preocupa, no sé qué significa, quizás me estoy equivocando con las decisiones que he tomado, quizás debería cambiar de casa… ¿sabes? hace días que me siento rara donde estoy, como que la energía se siente muy negativa, no sé… –dijo frunciendo el ceño y con un gesto visiblemente contrariado.

–¿Confundida? –preguntó la terapeuta.
–Algo.. pienso que quizás tiene que ver con la relación con este hombre con el que he estado saliendo. Tal vez la planta está tratando de decirme que no va a prosperar, últimamente noto que él ha perdido interés, la relación se ha marchitado ¡Eso! igual que la planta, la relación está perdiendo vida.

La paciente hizo una pausa, un incómodo silencio se extendió y luego continuó —¿Tú sabes qué significa? Cuando una planta que siembras se marchita, ¿será una señal? 

—Quiero hacerte una pregunta —dijo la terapeuta— ¿Cuándo fue la última vez que regaste la planta?

Otro largo silencio apareció, mientras la paciente movía los ojos hacia arriba, buscando una respuesta. —Mmmm… No me acuerdo —dijo al fin— creo que hace muchos días, quizás semanas que no la riego.
A veces así nos pasa, analizamos y sobre-analizamos una situación, buscando respuestas profundas, místicas, energéticas, mágicas, esotéricas, rebuscadamente psicológicas, provenientes de nuestro más remoto y oscuro pasado, de nuestra infancia o vidas pasadas, porque en el último libro que leímos, dice que tal o cual puede ser la causa de nuestro mal.
Vivimos en una sociedad hiper-psicologizada, en la que la mitad de los pacientes llegan al consultorio creyendo saber qué es lo que les pasa, porque ya lo leyeron en internet o les dijo una amiga.Y en efecto, quien mejor sabe qué es lo que le pasa es quien acude a consulta, no porque se documentó al respecto, sino por una razón sencilla: porque es él o ella quien tiene la EXPERIENCIA DIRECTA de lo que le sucede.

Experiencia directa, un término que cada vez se hace más raro en nuestra cultura hiper-mental, virtual y extensamente informática. Experiencia directa es la diferencia entre leer el menú y probar un platillo, es la diferencia entre regar una planta y hacer especulaciones y teorías acerca de por qué se marchitó.

De la experiencia directa proviene la verdadera sabiduría y transformación, pero hay muchas cosas que no queremos experimentar directamente, queremos leer de la paz, de la meditación, pero no queremos sentarnos a practicar; queremos saber de las  emociones que nos desagradan y cómo controlarlas, precisamente, porque no queremos experimentarlas. Vivimos evitando lo que no nos gusta, el enojo, la tristeza, el aburrimiento, el vacío y, una de las mejores estrategias para lograrlo, es hacer historias al respecto de ellas. Analizar, especular, justificar, teorizar, todas estas actividades de la mente discursiva, suelen ser una manera de huir de aquello que no queremos integrar en nuestra vida.

¿Qué pasaría si nos atreviéramos a vivir nuestras emociones sin ir a ninguno de los extremos -ni negarlas, ni exagerarlas-? ¿Qué pasaría si les permitiéramos estar sin querer corregirlas? Simplemente estar, sin actuarlas impulsivamente o desbordarnos en ellas? 

La respuesta es sencilla: si dejamos que una emoción esté, en poco tiempo, se transformará en otra cosa. 
E-moción = energía en movimiento
Toda emoción se disuelve o se transforma al paso del tiempo. Está comprobado por la neurociencia, que la descarga química, que llamamos emoción y sus efectos, duran sólo unos segundos, 90 a lo sumo. 
Entonces, ¿Por qué nos quedamos atorados por horas, días, a veces años en una emoción? Porque le agregamos pensamientos afines. Sí, la emoción surge y se alimenta de ideas, para que una emoción se quede, necesitamos alimentarla con pensamientos que así lo provoquen. 

¿Cómo dejar ir? ¿Cómo reducir el sufrimiento innecesario que nos causamos extiendo nuestras emociones difíciles? Te cuento la próxima semana…

Mientras tanto, la Tarea Terapéutica es:

Simplemente observa, en tu experiencia, qué emociones son a las que más te resistes, cuáles te parecen más inaceptables: ¿el enojo? ¿la tristeza? ¿el miedo? ¿la ansiedad?
Observa también cuáles son tus estrategias para no sentirlas: ¿distraerte? ¿comer? ¿comprar? ¿fumar un cigarro? ¿tomar una copa de vino? ¿pensar positivo? ¿quejarte?
Como siempre, 
¡Gracias por tu atención!

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