Día 6 del Diario de Meditación Zen: Ser Feliz es Simple

Día 6

Antes de estudiar en Japón y ser iniciado en la tradición Rinzai del Zen, el Maestro Sergio aprendió con Don Antonio, un poderoso chamán de la tradición indígena mexicana. Estoy sorprendida por el resultado que ha surgido de la combinación del chamanismo y el zen en su andar, estoy aprendiendo de su lenguaje, que es ideal para quienes crecimos en este país, con una mente que salta entre la verdadera percepción de realidades invisibles y las simples fantasías esotéricas que nos confunden, entre el pensamiento mágico y la verdadera magia. En general, es difícil para muchos distinguir entre la experiencia directa y las fantasías comunes del mundo de la pseudo-espiritualidad, tenemos tanta necesidad de creer…  pero yo decido ir en la dirección contraria, no quiero más creencias, si me hablan de chakras, de energía, de poderes extraordinarios, de magia, quiero experimentarla, no imaginarla o creer en ella. El maestro Sergio nos instruye, para distinguir entre la alucinación y la visión; afina nuestra percepción del mundo visible e invisible, hoy la práctica ha sido comunicarnos con los árboles y obtener chi (enregía) medicinal de ellos.


Estoy sorprendida por sus habilidades didácticas, nos propone ejercicios que me han llevado a distinguir sutilezas del funcionamiento de la mente y la conciencia que en años de meditación yo no había experimentado con tanta lucidez y claridad. Estoy sorprendida por el poder de la simpleza. He logrado sentarme una sesión tras otra sin moverme de la postura de zazen. ¡Lo logré! y no fue a través de la lucha, estoy sentada en completa paz y relajación, inmersa en un silencio que no había conocido jamás a un nivel tan profundo. Como me dijo alguna vez un buen amigo:

Ser feliz es muy simple,
Lo difícil es ser simple.

En las sesiones en las que  el Maestro contesta preguntas, yo hago unas muy básicas. Quiero aprender de verdad. Otros alumnos preguntan cosas sutiles y profundas. La diversidad de las características de las personas que asisten a practicar en el Zendo es enorme. Distintas edades, niveles de educación, sistemas de creencias. El Maestro Sergio tiene la habilidad para responder de una manera que aplica para todos.

Durante los descansos, se sienta en el comedor y contesta preguntas personales de los alumnos. Yo no creí tener ninguna que merezca ese acercamiento; pero hoy, hoy mi mente parecía un desfile de fantasmas y sabios. Voces que me hablaban de escenarios posibles y de la necesidad de tomar decisiones. Tengo 37 años y no he tenido hijos, quizás estoy perdiendo la oportunidad. Tengo 37 y años y he pasado la mayor parte de ellos en Metepec, quisiera conocer más del mundo.. Mis deseos parecen antagónicos aunque no necesariamente lo son.  Ser madre o prosperar, ser madre o viajar, mi mente fantasea con la ilusión de tener control. No lo tengo. Así que una pregunta brota de las aguas de mi corazón, ¿a cuáles de estas voces debo hacer caso?

Así que me dirijo al maestro, de nuevo con resistencia ante la sumisión que implica exponer los dilemas más íntimos de mi vida ante un señor al que acabo de conocer. Yo, la que después de ser reprendida por un sacerdote católico a los 15, decidió firmemente y cumplió la promesa de no volver a entrar a un confesionario y dar autoridad acerca del destino de mi alma a ningún supuesto líder espiritual. Yo, acabé ahí sentadita al lado del Maestro Sergio diciéndole:
–Maestro, ¿a cuáles de estos miedos debo hacerle caso?
El me miró y con una simpleza, casi, pero no burlona, y me dijo:
–A ninguno. –Soltó una risa y repitió: a ninguno.

En ese momento, se convirtió en mi guía.

No quiero sonar fanática, pero es difícil describir lo que pasó a continuación, no fueron literalmente las dos palabras que usó como respuesta, sino como ellas contestan simultáneamente a tantas preguntas de mi vida, no fueron las dos palabras, sino la sensación física de haber recibido una descarga descomunal de energía en mi pecho; el Maestro es un arquero y sus flechas son absolutamente certeras. No fueron las dos palabras, sino la danza interna que hizo surgir la pregunta perfecta en mi, para sentir el gozo de recibir la respuesta perfecta también.

No más miedo, 
Todo miedo apunta a algo inexistente 
Todo miedo es una ilusión


(Continuará)

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