El Bendito Apego

¿Que piensas cuando lees palabra «apego»?

Quizás has escuchado que el apego es causa de sufrimiento, que hay que aprender a «soltar», en fin.. que el apego es uno de los conceptos más condenados por un tramo de la psicología y por nuestro entendimiento, no necesariamente correcto, de las enseñanzas espirituales. Sin embargo, hace algunos años,  la Teoría del Apego vino a dar un giro sumamente importante a nuestra comprensión de las relaciones humanas. La Teorìa del Apego de John Bowlby e investigaciones posteriores, plantean que el apego es el vínculo emocional que los bebés desarrollan con sus padres o cuidadores, si la calidad de este lazo es satisfactoria, es decir, receptiva, consistente, amorosa y confiable, el niño se sentirá seguro  para salir a explorar el mundo y después regresar a recibir el afecto que imprescindiblemente necesita. Esto, se reflejará después en la manera en que se relaciona como adulto. La calidad de los vínculos emocionales que tuvimos con nuestras primeras figuras de afecto determina la manera en la que nos relacionamos  y conectamos con otros después. 


Desafortunadamente y, por muchas razones, la mayoría de nosotros no tuvimos un vínculo seguro y confiable, lo que da lugar a otras variantes: el apego inseguro-evitativo, el apego inseguro-ambivalente y el apego desorganizado.  Cuando le damos una connotación negativa al apego, más bien nos referimos a los resultados de un apego mal logrado, a los dolores y temores que se generan a partir de nuestra incapacidad para lograr buenos vínculos en nuestras relaciones adultas. Pero estrictamente, el apego no sólo es constructivo y saludable, sino que es también un rasgo evolutivo de nuestra especie y está programado en nuestros genes y en nuestros cuerpos. Es una necesidad tan básica como el alimento y el cobijo. Necesitamos sostener lazos irremplazables para sobrevivir con salud mental, emocional y física.

Irónicamente, en pos de una supuesta evolución espiritual y psicológica, hemos creado una cultura de AVERSIÓN AL APEGO, lo que nos ha dejado encerrados en nuestras máscaras de auto-suficiencia, promoviendo la superficialidad y falta de compromiso, profundidad e intimidad en las relaciones.

Buscamos una supuesta libertad e independencia, que pretende ignorar lo obvio: todos los seres humanos compartimos la vital necesidad de CONEXIÓN, profunda, auténtica, segura, confiable.
Y mientras no la admitamos y actuemos de acuerdo con ella, ni soñar con la supuesta libertad y empoderamiento que perseguimos, pues «detrás de la máscara de indiferencia, se esconde una miseria sin fondo, detrás de la insensibilidad se esconde la desesperanza, una actitud de «nunca me volverán a lastimar» y una rabia y desesperación paralizadas». (Bowlby)

Voy a decirlo sencilla y contundentemente: EL AMOR ES LA MEJOR ESTRATEGIA DE SUPERVIVENCIA CON LA QUE CONTAMOS LOS SERES HUMANOS y esto, no es una mera idea romántica sino una realidad biológica, comprobada por muchos estudios. 

Simplemente, sostener la mano de alguien a quien amamos, puede afectar notoriamente nuestras neuronas y calmarlas. Nuestros vínculos, si son seguros y confiables, actúan como amortiguadores ante el estrés, el shock, el trauma y el dolor. 

En investigaciones realizadas a grupos de mamíferos monógamos y polígamos ha quedado demostrado que, a diferencia de las especies que sólo se vinculan para reproducirse, aquellas que conservan sus parejas más allá del apareamiento, producen cantidades significativamente mayores de oxitocina y vasopresina, sustancias que estimulan los centros cerebrales de recompensa, llenándolos de un flujo de dopamina (hormona de la felicidad) y reduciendo el nivel de cortisol (hormona del estrés). 

Entonces, ¿cómo se refleja nuestra historia de apego en nuestras relaciones y, específicamente en las relación con nuestra pareja? 
Les cuento en el siguiente post…

TAREA TERAPÉUTICA: Haz una lista de 5 personas que estén entre tus vínculos irremplazables, ten un gesto de acercamiento, demuéstrales cuan importantes son para ti en la manera que elijas 😉

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